Mi infancia pasó en los 60 y de todo lo que pasó, de lo que pasaba en el mundo entonces, que fue mucho, no me enteré hasta pasados bastantes años más, en los 70 y hasta hoy, siempre con nuevos descubrimientos y agradables sorpresas... Por ejemplo, hace pocos días, con la visión de una gran retrospectiva de la fotógrafa Diane Arbus en Caixaforum de Barcelona, hasta el 14 de mayo.
Entre la candidez y felicidad intrínseca de la infancia no sabía ni conocía casi nada de los artistas, de la música, de los movimientos sociales, culturales y políticos que muy especialmente estaban cambiando, de una forma radical, aquella sociedad modernizada pero en crisis, para proyectarse con fuerza hasta nuestro presente. Somos hijos y nietos de "aquello". Sólo antes la revolución industrial y antes la revolución francesa habían marcado tanto para como hacer temblar o cambiar la sociedad en general y abrir nuevas formas de convivencia y razón de ser y estar... En arte se había avanzado mucho con las vanguardias de la primera mitad del siglo XX, pero un desarrollo posterior en los 50 y 60 asentaba (o aposentaba) una nueva realidad basada ya en la total libertad de expresión, materiales y medios para enrocarse en una especia de guerra de amor y odio (no terminada todavía, si acaso: amaestrada) en la sociedad posmoderna...
Arbus terminó su vida voluntariamente en julio de 1971. Las fotos de su último año de vida son estremecedoras, dando vueltas o paseos entre una especie de bailes de carnaval eternos en paisajes con enfermos mentales. Sus retratos, sus últimas series de fotos, conforman una especie de respuestas encontradas después de años de fotografiar la realidad humana y material a un nivel casi oculto, extraño, misterioso o desconocido, poco visto o permitido.... Personajes nulos, raros, marginales, sin futuro. Con miradas llenas y a la vez vacías, con la continua confrontación existencial y la certeza del abismo en la primera esquina encontrada. Retazos de vidas perdidas, olvidadas, sin horizontes en el dia a dia de la ciudad de Nueva York y alrededores de aquellos años...
Personajes (que existirán siempre) que nos hablan con su silencio, con el cruce de pocas miradas, con el interrogante eterno de un gesto, de una incomprensión por asumir del todo todavía, de una luz y de mil sombras, de la forma de algun objeto irrelevante, de una vivencia por empezar y muchas por terminar...
Existe un lugar para Arbus en el cielo de los perdedores y de los creadores puros, sin tapujos, sin fronteras, sin miedos... Es una suerte poder admirar ahora y recordar para siempre su obra.
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